Texto tomado del libro La Primera Pagina en la GDP, de
Ricardo Ugarte
Imagen foto del siglo XIX con un grabado sobre el combate
de Calama, representa la muerte de Abaroa
JEFE DE LAS FUERZAS DE CARACOLES Y ATACAMA.
Cuartel general en
marcha – Huanchaca, marzo 31 de 1879.
Señor:
Al haber tocado este departamento con los restos del combate
que el día 23 del que termina tuvo lugar en Calama, entre el Ejército de Chile
y la escasa fuerza de mi mando, me es obligatorio poner en conocimiento del
señor Comandante General del Departamento, que continuo mi marcha á esa
Capital, donde estuvé con el señor Prefecto del Litoral Coronel Severino
Zapata, y cuarenta y ocho personas entre Jefes y Oficiales, tropa y empleados
de la Prefecura del Litoral.
Aprovecho esta ocasión para ofrecer al señor Comandante
Jeneral, mis consideraciones de respeto y estimación.
Dios guarde á U.
LADISLAO CABRERA
Al señor
Comandante Jeneral del Departamento de Potosí.
Jefe de las fuerzas de Caracoles y Atacama.
Cuartel Jeneral en
marcha – Canchas Blancas, marzo 31 de 1879.
Señor.
A fin de que esa
Comandancia Jeneral tenga conocimiento del combate que tuvo lugar en Calama en
la mañana del 23 del mes que termina, adjunto copia autorizada del parte que
dirijo al Ministerio de la Guerra.
Con este motivo soy del señor Comandante Jeneral, su
atento seguro servidor.
LADISLAO CABRERA.
AL SEÑOR
COMANDANTE JENERAL DEL DEPARTAMENTO DE POTOSÍ.
JEFE DE LAS FUERZAS DE CARACOLES Y ATACAMA.
CUARTEL JENERAL EN
MARCHA.- CANCHAS BLANCAS, MARZO 27 DE 1879.
Señor:
Después de mis oficios de 16 y 25 del corriente, cumple á
mí deber dar parte al Supremo Jefe del Estado, por conducto del señor Ministro
de la Guerra, del combate que en la mañana del 23 tuvo lugar en Clama, entre el
ejército de Chile en número de 1,400 á 1,500 hombres, y los pocos ciudadanos
que defendían la integridad del territorio Nacional; combate que dio por
resultado la ocupación de aquella importante plaza por las fuerzas de Chile.
Hecha la
intimación de fecha 16, por un parlamentario ad hoc de las fuerzas enemigas situadas
en Caracoles, y firmado el protocolo en que consta la contestación que aquél
recibió, debía esperarse, que ……... ese día, al siguiente cuando mas, seria
asaltada la plaza.
Mas no fue así: las fuerzas de Chile en Caracoles que no
bajaron de 800 hombres cuando se hizo la intimación no se creyeron bastante
poderosas para la toma de Calama, defendida únicamente por unos pocos
ciudadanos. Fue preciso que hicieran venir de Antofagasta mayor número de
tropas y á uno de los mas acreditados Jefes.
Reunido ahí un
Ejército efectivo de 1,400 á 1,500 plazas, con las armas mas perfeccionadas por
su precisión y alcance, con once piezas de artillería d montaña y dos
ametralladoras, en la madrugada del día 23, empezó á descender rápidamente por
la quebrada principal que de Calama conduce á Carácoles. En ese Ejército se
notaba también un cuerpo de caballería.
El campamento
tenia pequeña fuerza cuyo número era solo de 135 hombres entre Jefes, Oficiales
y soldados, se hallaba situado ente el camino de Chiuchiu y el puente de
Topater á una altura como de cien piés sobre el nivel de éste, y por
consiguiente en estado de observar los movimientos del enemigo de los cuales
dependía la defensa de la plaza.
El tiempo que el
Ejercito enemigo empleó en bajar á las márjenes opuestas del río Loa, que nos
dividida lo utilizé en preparar mis pocos pero valerosos compañeros cuyo
ardimiento, por el próximo combate, aumentados á medida que eran interminables
las columnas enemigas que bajaban al llano.
En homenaje á la justicia y en honra, á los bolivianos
declaro señor Ministro, que en esos solemnes momentos, no vi palidecer á
ninguno de los que se hallaban en el campamento. Mas parecía que se preparaban
á un festín que á un terrible combate en que iban á correr torrentes de sangre.
Si alguien hubiera preferido la idea de la retirada á la
vista de la superioridad numérica tan esecita, habria sido despedazado.
Los 135 defensores de la plaza, que muy luego talvez iban
á convertirse en mártires de su patriotismo y de su abnegación, esperaban mis
últimas órdenes con impaciencia fébril.
Para mejor comprensión debe tenerse presente que el rio
Loa en el paralelo de nuestro campamento tiene el nombre de Yalquincha, de
Topater en el lugar del puente de este nombre, y de Carvajal en el lugar del
otro puente. Ambos mandé destruir días antes. De Yalquincha á Carvajal hay mas
de tres millas de distancia. Se comunican por senderos angostos que es preciso
conocer para recorrer de un punto á otro. Cualquiera desviación es un gran
inconveniente para todo movimiento rápido.
A (8 h. á m.) mas ó menos, el Ejército enemigo y á
distancia como de tres millas de nuestras posesiones, se situó en unas colinas
que se hallan sobre el camino de Caracoles, y desde allí desprendió algunas
columnas lijeras que avanzaron sobre el rio que nos separaba, siendo al
parecer, su principal punto de ataque el puente de Topater.
Me dirijo al Coronel
Fidel Lara y le ordeno que baje inmediatamente. Mi órden es contestada por
entusiastas vitores á Bolivia, al Presidente de la República, que jamás
olvidaré. Yo también bajo al mismo lugar á señalar su puesto á la valiente
columna que mandára el Coronel Lara. Llevé tambien con esa columna doce
rifleros montados al mando de su segundo Jefe don Eduardo Abaroa. El resto de
este cuerpo lo dejé de reserva para acudir al lugar que fuese necesario.
Otros de los
puntos amenazados fue el puente de Carvajal en cuya dirección bajó una de las
columnas enemigas. Era preciso atender allí. Separé de la fuerza del Coronel
Lara quince hombres de tropa, cinco oficiales armados de rifles y cuatro de los
rifleros de los doce de q’ hago mención, y á mando del Teniente Coronel Emilio
Delgadillo los conduje á defender un vado del Loa llamado de la Huaita un poco
al norte del puente Carvajal. Cuando llegué á este último punto, ya veinticinco
o treinta hombres de á caballo de las fuerzas enemigas habían pasado dicho vado
y colocándose en unas murallas de adobe. Entre esta muralla y pilon de pasto
seco que nos ocultaba y dividía, no había sino la distancia de diez metros á lo
mas. Pude colocar convenientemente á los veinticuatro hombres que llevé con el
Teniente Coronel Delgadillo, los cuales rompieron el fuego con tal certeza que
quedaron nueve cadáveres en los primeros tiros, los sobrevivientes repasaron el
vado en precipitada fuga y algunos de estos quedaron en las aguas del río. Fue
allí que se tomaron diez rifles, una espada y un caballo.
Reiterando mis
órdenes de defensa de aquel vado, al teniente Coronel Delgadillo, vuelvo al
escape al puente de Topater donde se sentía el fuego mas nutrido que puede
concebirse.
Al aproximarse á
este puente noto que el Ejército enemigo habia formado un semicírculo desde las
cercanías de Yalquincha al lado opuesto de nuestras posesiones hasta el vado
detenido por el Teniente Coronel Delgadillo.
Ordeno que el
resto del cuerpo de rifleros ente en combate hácia Yalquincha á donde se veían
desprenderse enormes masas de tropa.
El señor Prefecto
del Departamento Coronel Severino Zapata que comprendió la inmensidad del
peligro, anticipándose á mi pensamiento ya había desprendido ocho rifles en la
dirección amenazada y se hallaba en momentos de mandar el resto al punto
atacado cuando llegué alli.
Entró pues en
combate el total de los 135 hombres de que disponía.
Ocho de los
primeros doce rifleros que coloqué en Topater habían pasado el rio hácia al
campo enemigo sobre una viga de madera a mando del segundo jefe don Eduardo
Abaroa, así como el tercer Jefe don Juan Patiño y el oficial Saturnino Burgos
por un vado del río al Norte de Topater.
Con esta
combinación de defensa quedaron rechazados los numerosos enemigos en todos sus
puntos de ataque por mas de tres y cuatro veces.
Cuando se veía dar
media vuelta hasta á los tiradores de á caballo y refugiarse de nuestras balas
en las colinas del camino á Caracoles de que he hablado ántes, me hacia una
ilusion de creer, que el patriotismo y el valor de mis compañeros se
sobrepondría á todas las ventajas del número y de las armas de precisión.
Desgraciadamente
todo rechazo atraía mayor número de enemigos, y como era tenaz la resistencia
fue redoblado cada nuevo ataque. Columnas cerradas venían en protección de las
rechazadas.
Empieza á oirse
el ruido de las piezas de artillería, y entre ésta de las ametralladoras al
propio tiempo que aumentaba el silbido de las balas de rifle. Desde ese momento
los tres puntos defendidos, Yalquincha, Topater y vado de la Huaita, no solo
eran impotentes sino espantosos para quienes no han podido oir el retumbar del
cañón, el estallido de las bombas de incendio y el ruido de las balas de rifle.
Duraba ya éste
desigual combate cerca de dos horas. Siento q’ en el ala derecha de nuestra
defensa, en el vado de la Huaita disminuyen nuestros fuegos. Me dirijo allí por
tercera ó cuarta vez y ántes de llegar encuentro al oficial Manuel Luna que
venía á pedirme refuerzo con un rifle y caballo enemigos. No teniendo ni un
solo hombre mas de que disponer me limito á ordenarle que vuelva á ocupar su
puesto.
En esta situación
se me dice que otro puente á distancia de dos millas del de carvajal, al Sur;
esto es Chunchuri estaba ocupado por fuerzas enemigas. Era nueva atención en
tan difíciles momentos. Mando á informarse de la verdad de este nuevo peligro
al Capitán de lanceros Miguel Palalo, y regreso al puente de Topater á ver si
podian sacarse de entre los defensores de aquel punto algunos hombres para
atender á Chunchuri.
Ya era tarde, este puente había sido tomado por el
enemigo, así como el cuerpo de rifleros al Norte de Topater. El Coronel Lara se
habia retirado quemando su último cartucho. El cuerpo de rifleros, agotadas sus
municiones había hecho otro tanto.
Se notaba en
aquella situación que el enemigo que había desalojado á la columna de Caracóles
y al cuerpo de rifleros, no se atrevía á traspasar el río, parecía que se
hallaba asombrado de tanto heroísmo. No se oia ya sino en dirección del pueblo
uno que otro tipo.
Pude llegar así
sin ninguna dificultad á lo q’ fue nuestro campamento donde encontré todavía al
Jefe del Estado Mayor, Coronel Gaspar Jurado, al Comandante Pedro Caballero y
al oficial de lanceros Segundo Altamirano.
El Comandante
Narciso Avilés tercer Jefe de la Columna de Caracóles me dá la triste noticia
de que parte del Ejército enemigo había ocupado ya el pueblo que defendía
habiendo penetrado por el vado de la Huaita. Despacho al Oficial Altamirano á
informarse de si esto era cierto. No vuelve éste. Me dirijo yo mismo al pueblo
y cerca de él encuentro á uno de los cornetas de la columna de Caracóles
(Aparicio) que venía de fuga y me confirma la noticia de la ocupación del
pueblo.
Contramarché
sobre el campamento en cuya dirección se retiraban algunos soldados y rifleros;
les indico como punto de retirada el pueblo de Chiuchiu y yo mismo tomo esa
dirección. En el camino me incorporo con los compañeros cuya lista acompaño.
En cuanto á las
pérdidas que se han sufrido, de los informes que he podido recoger resulta que
murieron de la columna de Caracóles tres individuos de tropa y un herido; del
cuerpo de rifleros dos muertos y doce prisioneros de uno y otro cuerpo. Entre
éstos el Comandante tercer Jefe de rifleros Juan Patiño
.
Las del enemigo
son injentes relativamente; todas las personas que salieron de Calama después que
nosotros aseguran uniformemente que pasan de cien los muertos en los tres
puntos atacados.
Nada se sabe del
teniente Coronel Delgadillo ni del segundo Jefe de rifleros Eduardo Abaroa; sin
embargo respecto del segundo se dice que fue fusilado después de prisionero. Si
esta fatal noticias se confirmase, habría que vengar este nuevo crimen.
El Ejército enemigo en el combate del 23 hizo uso de
todas sus armas, hasta de las bombas de incendio que en los depósitos de pasto
seco han hallado cómodo combustible. Cuando las bombas no producían el efecto
deseado por él, ponían fuego á dos cercos de los alfares. El aspecto que Calama
presentaba en nuestra retirada era el de una hoguera espantosa.
Así terminó aquel
combate sin igual en la historia moderna; 135 hombres mal armados defendiendo
una línea de mas de tres millas contra un Ejército compuesto de 1,400 á 1,500
hombres con las mejores armas que se conocen.
Ahora Chile sabe
con qué clase de enemigos tiene que luchar, y el pais que no olvidará que á las
ventajas numéricas pueden oponerse el valor proverbial del ciudadano boliviano
y estudio de las localidades aparentes para la defensa ó para el ataque.
Al terminar esta exposición, es de mi deber y de severa
justicia, hacer conocer á la Nacion y al Supremo Gobierno, el comportamiento
heroico de todos los Jefes, Oficiales y tropa que rechazaron en la mañana del
23 al Ejército chileno.
El Sr. Coronel Severino Zapata que llegó á Calama el día
20, prestó con su presencia y sus consejos importantes servicios, antes del
combate, durante él y en la retirada, así como su comitiva compuesta del
Coronel Juan Salinas, Dr. Ricardo Ugarte, Lizardo Taborga y Manuel T. Cueto.
El Estado Mayor
compuesto del Coronel Gaspar Jurado, del teniente Coronel Pablo Sanchez, del
Comandante Pedro caballero, Teniente primero Ignacio Pedraza y del Ayudante
Federico Andía, cumplió también legalmente su deber.
El Coronel Lara
que defendía el puente de Topater causó no pocas bajas en el Ejército enemigo;
pues se le vía hacer constante fuego con su rifle, rodilla en tierra. En este
punto se hallaron el Comandante Avilez y los Oficiales Braulio Vera,
Hermenegildo Villegas, Alfredo Goblé y Lucio Villegas.
El teniente
Coronel Delgadillo, desplegó tal valor en la defensa del vado de la Huaita
superior á todo elojio. Con él se encontraban los Capitanes José Diaz y
Francisco Zuñiga, los Oficiales Samuel Aramayo, Manuel Luna, Manuel Chavei,
Manuel I. Gandarillas y Rodolfo Abaroa.
El Cuerpo de
rifleros que defendía el vado de Yalquincha á mando del tercer Jefe Juan
Patiño, del Mayor Florian Flores y del Capitan Luis Latines, se colocó á la
altura de su deber y cumplió dignamente los compromisos que voluntariamente y
con sin igual abnegación contrajo. A este cuerpo pertenecian los Oficiales
Saturnino Burgos, Luciano Caballero, Severo Aparicio, Manuel Pereira, Modesto
Carrazana, Manuel I. Gandarillas, Rodolfo Abaroa y Avelino Aramayo.
El cuerpo de
Lanceros no ha sido menos digno en los servicios locales á que estaba
destinado; y su Jefe en su calidad de tal y como Sub-prefecto de la Provincia
de Atacama, señor Jose Santos Prada, ha prestado igualmente importantes servicios,--
así mismo que el Intendente de Policia y Capitán de rifleros Eugenio M.
Patiño.
Consentimiento de alta consideración, soy del Sr.
Ministro de la Guerra, atento, seguro, servidor.
LADISLAO CABRERA.
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